Un lugar para existir

Un lugar para existir

Eddy Leonel Aldana, Jackie Amézquita, Häsler Gómez, Eddy A. López, Lorena Molina, Paulina Velázquez, Martín Wannam

Inauguración: sábado 10 de octubre, de 11 a. m. a 4 p. m.

Curada por Marilyn Boror Bor, Lily Cox-Richard y Jimena Pons Ganddini

Con la colaboración de Ana Lucía Montufar e Ilaria Conti

Artistas:

Eddy Leonel Aldana (GT)
Jackie Amézquita (GT)
Häsler Gómez (GT)
Eddy A. López (NI)
Lorena Molina (SV)
Paulina Velázquez (CR–MX)
Martín Wannam (GT)

En colaboración con Agencia Ocote


Hay una persistencia material del lugar de origen en muchas experiencias migratorias. Aparece en objetos, imágenes, alimentos y formas de trabajo que continúan formando parte de la vida cotidiana después del desplazamiento. Al insertarse en nuevas geografías, esos elementos acumulan otras capas de significado sin perder su vínculo con el lugar del que provienen. En ellos, lo afectivo se deposita, se transforma y se transmite.

Estos vínculos no se construyen de una sola manera ni permanecen iguales a través del tiempo. Hablar de las migraciones en plural implica reconocer desplazamientos forzados o voluntarios, temporales o definitivos, atravesados por circunstancias históricas, políticas, económicas, familiares y personales. El plural obliga a atender la singularidad de cada experiencia. Un lugar para existir parte de esa multiplicidad y reúne a artistas centroamericanxs cuyas trayectorias personales y familiares han estado marcadas por migraciones hacia Estados Unidos, con efectos que atraviesan generaciones.

En las obras reunidas, incluso lo estable está sujeto al cambio. Una huella digital cambiante pone en tensión sistemas que exigen identidades fijas; una imagen pierde definición al reproducirse; la tierra y el maíz articulan desplazamiento, cultivo y retorno; objetos y residuos condensan trabajo, cuidado y transmisión familiar. Relatos íntimos se entrecruzan con procesos políticos y económicos que han marcado la región, situando las migraciones en tramas que exceden la experiencia individual. La memoria no permanece intacta, sino que cambia al circular entre cuerpos, lugares y generaciones.

Un lugar para existir puede ser aquel desde el que es posible construir una vida propia, transformar lo heredado y hacer espacio para el deseo y el retorno. Esa es la insistencia que atraviesa estas obras: no solo el desplazamiento, sino seguir haciendo vida a partir de él.